ALBERTO
FUJIMORI - UN LEGADO DE PAZ
Un
país en conflicto armado pierde su estabilidad democrática, quiebra su economía
y los derechos humanos se extinguen, es incongruente defender derechos humanos en
medio de bombas, torturas y muerte, mucho peor cuando durante nuestra triste época
del terror, un grupo subversivo había decidido tomar el poder no por convicción
sino por intimidación, ósea implantando el miedo, cometiendo atentados cobardes
ante una población indefensa para someterla a sus intereses ideológicos.
Marco
Arana justifica su defensa de los derechos humanos a terroristas, aduciendo que
el estado cometió un terrorismo de estado, porque murieron civiles inocentes, pero
este señor olvida que durante mas de 10 años nuestro país vivió sometido por el
abuso de este grupo terrorista, entre el miedo, inseguridad e injusticia,
convivíamos con terroristas, y la vida de cualquier peruano podía terminarse no
importa donde estuviera.
TERRORISMO
DE ESTADO es cuando un gobierno dictatorial y sin justificación empieza a
cometer asesinatos en masa solo con el fin de mantenerse en el poder, aquí si
se puede demandar crímenes de lesa humanidad, PERO ESTO NO FUE LO QUE OCURRIÓ
EN EL PERÚ , el gobierno de Alberto Fujimori tuvo durante aquellos años uno de
los retos más difíciles a enfrentar, terrorismo y bancarrota, con decisiones
muy controversiales y drásticas necesarias para la situación de terror en que vivíamos
, todo peruano guardara en su memoria su cuota de dolor y sacrificio, porque se
perdieron vidas y nos vimos envueltos en pobreza, temor, odio y resentimiento.
Enfrentar
un conflicto armado guiados por los preceptos de derechos humanos es una hipocresía
que nunca ha existido ni existirá , aunque quizás para entenderlo deberíamos pasar
por hechos mas sangrientos como los ocurridos en otros países, donde cada uno tenga
que armarse para defender su hogar, sin la intervención de fuerzas del orden, así
podremos ver que las contiendas armadas no tienen cálculos perfectos ni pueden
ser programadas sin margen de error, de allí la importancia de luchar y
conseguir la paz.
No
cometamos el error hipócrita de medir con la misma vara de los derechos humanos
al criminal, al ciudadano indefenso o a que se enfrenta, producto de esa
igualdad que quieren darnos las organizaciones de derechos humanos, es la inseguridad
junto con la incapacidad e indiferencia de nuestras instituciones de justicia.
Alberto
Fujimori sabía que nada podría hacerse si el Perú no conseguía la paz, enfrentar
a un enemigo cobarde armado, fue la hazaña más difícil para terminar al mas
breve plazo, conjuntamente con nuestra bancarrota de la hiperinflación del
7,000%, hiperinflación generada por el robo descomunal de gobiernos anteriores.
Tanto
la pacificación como la estabilidad económica fueron méritos suficientes para
que gran parte de la población peruana mantenga en su memoria un sentimiento de
gratitud , aun cuando muchos de nosotros perdimos trabajo, dinero, vidas de
seres queridos , pero somos honestos en reconocer que todo tiene un precio,
algo por el cual dar nuestro testimonio de generación en generación y reconocer
el gobierno de Alberto Fujimori con equidad e imparcialidad, en la balanza de
la justicia aprendamos a medir los hechos de Fujimori con objetividad y sin
rencor.
A
estas nuevas generaciones de jóvenes con ansia de transformar nuestro país,
tengan presente que el mayor reto para ustedes será forjar la tan ansiada reconciliación
, aprendiendo del pasado pero no quedándose en este, mejorando actitudes,
aumentando vuestros principios y formas de vida no para desaparecer la corrupción,(ella
siempre estará presente junto con la parte nefasta de todo ser humano), sino para
saber enfrentarla y controlarla, logrando así una verdadera democracia, porque
como dijo el ing. Alberto Fujimori , “ la democracia es pueblo y no el poder político
de unos pocos”.
Este
el legado del ing. Fujimori, un legado marcado por la paz, para seguir manteniéndola en nuestro camino
hacia una auténtica democracia, teniendo presente que el gobierno de un país no
es la herencia de apellidos, ni gratitudes del pasado, o el compromiso en
decirnos a quien apoyar, tengamos fe en nuestras decisiones, en nuestros jóvenes
líderes que surgirán y se encargaran por merito propio en demostrar con hechos
lo mejor para nuestro país.